HPV (Virus Papiloma Humano)

Mi ginecólogo me ha dicho que tengo el HPV y que mi pareja tiene que hacerse un estudio. El otro día estuve con una chica y me ha contado que ha tenido HPV, ¿puedo tenerlo?. Mantuve sexo oral con un chico y tengo molestias en la garganta, ¿será HPV?. Todas estas preguntas y otras relacionadas con el HPV son muy frecuentes en nuestra consulta. Voy a intentar de manera muy resumida aclararos algunas cosas sobre el HPV.

El grupo de los Virus del Papiloma Humano (HPV) ó papilomavirus, comprende más de 150 tipos diferentes. Son virus que sólo afectan a las células de piel y mucosas. La mayoría de las infecciones nunca producirán ningún síntoma o enfermedad, ceden espontáneamente en la mayoría de los casos en 8 meses, el 70% desaparece en el primer año y hasta el 91% han desparecido al segundo año. En otros casos pueden aparecer verrugas o condilomas y en una escasa proporción la presencia mantenida del virus en determinados tejidos podría dar lugar a procesos cancerosos.

Esta última circunstancia es lo que más ha alarmado a la población y en especial la posibilidad del cáncer de cuello de útero. El cáncer de cuello uterino es el segundo cáncer más frecuente en mujeres después del de mama en el mundo, y el quinto de todos los cánceres, aunque en España la incidencia es baja , entre 4 y 10 mujeres por cada 100.000.  Las otras zonas que pueden verse afectadas por un cáncer serían vulva, vagina, pene, ano u orofaringe. Ver la tabla 1.

Las enfermedades de transmisión sexual (ETS) en los últimos años, a pesar de las campañas de concienciación, habían ido perdiendo el respeto que producían en otras épocas. Esto es debido a que disponemos tratamientos que curan la enfermedad, incluso el tan temido SIDA ya se ha convertido en una enfermedad crónica y no mortal en la mayoría de casos. Por tanto se han relajado de nuevo las medidas de protección frente las ETS. Las campañas de divulgación sobre el HPV han producido un nuevo toque de atención sobre la conciencia de una sexualidad responsable.

La alta prevalencia del HPV de una manera asintomática hace que una gran parte de la población sea potencial transmisor del virus. Sólo la presencia de lesiones en pene o cérvix nos hace plantearnos un diagnóstico exacto de su existencia. El virus puede no dar lesiones hasta varios años después de su adquisición. Los síntomas como dolor, pinchazos, picor o molestias inespecíficas en vagina, pene o garganta en los días posteriores a una relación sexual con un portador del HPV asintomático u otra persona de la que se desconoce si tiene HPV no se deben a una transmisión del virus. Por mi experiencia la mayoría de las veces se trata de una relación esporádica, con una pareja no estable, que a veces genera una sensación de culpa o miedo por no haber puestos medios de protección o haberse realizado  fuera de una relación estable. Genera lo que se denomina venereofobia: miedo irracional a padecer una ETS.

Ante la duda, lo que hay que hacer es acudir al especialista para valorar si existen lesiones, de no ser así,  no se debe convertir en una obsesión la posibilidad de que ha sido contagiado con el virus. Por ejemplo debéis saber que la posible existencia de lesiones precancerosas provocadas por el HPV pueden tardar hasta unos 20 ó 30 años en desarrollar un cáncer de cérvix si no son tratadas. Por lo tanto hay tiempo más que suficiente para que en las revisiones rutinarias con el ginecólogo (que toda mujer debe hacer) pueda encontrar este tipo de lesiones en cérvix, vagina o vulva y tratarlas antes de su progresión. En el caso de sospecha de afectación en la cavidad orofaríngea hay que acudir al otorrinolaringólogo para una exploración, si no hay lesiones, mi consejo es: si es seguro que la pareja tenía HPV, una revisión anual en los dos ó tres años posteriores sería suficiente. Posteriormente si tuviera algún síntoma evidente si sería objeto de nueva revisión. En el varón, la simple exploración del pene o escroto, sin convertirse en obsesión, puede mostrarnos alguna lesión que deba ser valorada. Al menos la primera revisión debe ser realizada por el urólogo para que aclare al paciente sus dudas sobre alteraciones en la piel de su pene o escroto que no son HPV.

CONDILOMA PENE EVOLUCIONADO A CÁNCER

Aparte del propio HPV (sobre todo los de alto riesgo 16 ó 18) existen otros factores importantes en la posibilidad de desarrollar un cáncer de cérvix. Estos son: Inicio temprano de la primera relación sexual, múltiples compañeros sexuales, pareja masculina promiscua en el presente o pasado, uso de anticonceptivos orales, multiparidad, tabaquismo, inmunosupresión y ciertos subtipos de antígenos leucocitarios humanos (HLA).  En el caso de cáncer de cavidad oral fumar, o mascar tabaco y consumo de bebidas alcohólicas. Para el cáncer de pene los factores favorecedores son la falta de higiene, inmunodepresión. Puede tener efecto protector la circuncisión.

Por todo ello la única medida de protección frente al HPV sería la abstinencia sexual de todo tipo. No sólo existe transmisión durante la penetración o el sexo oral, también el contacto de las manos con genitales. Existen algunos datos sobre transmisión a través de objetos (juguetes sexuales o toallas, etc), pero no está rigurosamente probado.

Para la población sexualmente activa la mejor forma de prevención es la prevención primaria con las vacunaciones para HPV. En España está financiada para niñas entre 11 y 14 años. Existen dos Gardasil® (MSD) activa frente a los tipos 6,11,16 y 18 y Cervarix ®(GSK) activa frente a los tipos 16 y 18. No obstante hay que aclarar que ciertos estudios que demuestran protección si también se utiliza en niños así como en hombres y mujeres por encima de las edades recomendadas. En este último caso hay dudas sobre si uso en pacientes que ya tienen infección por HPV es ineficaz o por el contrario podría aumentar la inmunidad frente a reinfecciones.

El preservativo utilizado de manera continuada y bien colocado puede disminuir la transmisión del HPV, pero no protege totalmente ya que hay zonas del pubis del área anogenital que no queda cubierta por el mismo. Otra forma de minimizar riesgos es la reducción en el número de contactos sexuales o sobre todo una relación larga mutuamente monógama.

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