Salir del armario durante un matrimonio

Directa o indirectamente es posible que conozcamos algún caso de alguna pareja que tras años de convivencia, él o ella “salen del armario”. Desde el punto de vista sociológico sigue llamando la atención que en los momentos en los que vivimos, donde la homosexualidad es una opción sexual “libre” puedan seguir existiendo estos casos.

Hay quien puede preguntarse si estas personas sufren un cambio en sus orientaciones sexuales a lo largo del tiempo. Creo que las dos únicas explicaciones a este hecho son dos. Una de ellas sería la falta de definición o asunción de su orientación sexual. En el continuo sexual de Kinsey desde homosexual a heterosexual, alguien puede estar en zonas ambiguas, incluso de bisexualidad pura. A medida que pasa el tiempo se focaliza más en qué zona del espectro se encuentra. La otra explicación sería, que a pesar de tener claro su orientación sexual, los condicionantes sociales todavía pesen más y le lleven a ocultar su homosexualidad.

La homosexualidad de un miembro de una teórica pareja heterosexual ha sido descrita múltiples veces en la historia, principalmente y por razones obvias en los gobernantes. Lo principal en éstos era la descendencia para perpetuar el poder y era lo que obligaba a mantener el matrimonio, fuera de ello se podía tener una actividad homosexual que no era prohibida o criticada demasía si no obstaculizaba el primer fin.

Así tenemos casos como los de Alejandro Magno o Julio César. En el siglo XII la relación del Rey Ricardo Corazón de León con el Rey Felipe Augusto de Francia, en el siglo XVII Jacobo I de Escocia y VI de Inglaterra tuvo hasta cuatro amantes varones. Acercándonos a España en el siglo XV, en Castilla, tanto el Rey Juan II como su hijo Enrique IV tuvieron amantes o podemos decir casi, parejas estables paralelas a su matrimonio hetersexual. El primero de ellos con su valido Álvaro de Luna, el segundo con Juan Pacheco y posteriormente con Gómez Cáceres. Pero sin duda el matrimonio real en España más famoso con estas características es el de Isabel II con Francisco de Asís y Borbón, duque de Cádiz. Es famoso el comentario que realizó la reina al diplomático León del Castillo sobre su marido: “Que voy a decir de un hombre que en la noche de bodas lleva más bordados en su camisa que yo en la mía”. Debido a este tipo de matrimonio o independiente de ello, Isabel II tuvo, con diferentes amantes, doce embarazos de los que sólo cuatro llegaron a buen fin. Mientras Francisco de Asís conviviría toda su vida con Antonio Ramón Meneses, duque de Baños.

Isabel II y Francisco de Asís

La homosexualidad ha pasado por diferentes etapas. Hay datos tanto en el Antiguo Egipto o la Antigua Grecia, en el que la homosexualidad no era considerada ni mejor ni peor que la heterosexualidad. Es a raíz de la cultura judeo-cristiana y mahometana cuando llega a considerarse un comportamiento delictivo. Actualmente hay más de 80 países donde todavía hoy sigue siendo así, ilegal y en no menos de 5 existe hasta pena de muerte para estas personas.

Posteriormente en el siglo XIX se considera una enfermedad a la que buscar cura. Bajo este supuesto han sido múltiples y crueles los tratamientos ofertados supuestamente denominados como de reorientación sexual: castración, vasectomía, ooferectomía, histerectomía, ablación del clítoris, lobotomía, diversos tratamientos farmacológicos (hormonas, depresivos sexuales, psicótropos, etc). Hasta no hace mucho tiempo se difundían con cierta libertad estudios realizados sobre homosexuales a los que se les aplicaban terapias aversivas con electroshock o con inyecciones de apomorfina para provocar el vómito. Hoy en día se siguen practicando estas terapias aversivas, supuestamente de una manera más “suave”. Por ejemplo se enseñan imágenes sensuales de personas del mismo sexo y si el teórico paciente comienza a excitarse se le muestran imágenes de cosas desagradables como heces o vómitos. Se busca asociar excitación homosexual con algo desagradable para que sea rechazado. Otros intentan mediante hipnosis o psicoanálisis reconvertir la orientación sexual.

Afortunadamente desde 1973 la homosexualidad está despatologizada, por lo que, como mucho, un terapeuta sexual sólo trabajará con aquella persona homosexual cuya orientación le cause problemas. Su trabajo se debe dirigir a que esta persona acepte esa orientación y sea feliz, nunca a intentar reconvertir su sexualidad.

Puedes escuchar mi participación en el programa Es Sexo en el siguiente enlace (a partir de 1h32′ )

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