Asexualidad

La asexualidad es considerada por algunos como la cuarta orientación sexual tras la heterosexualidad, la homosexualidad o la bisexualidad. Aunque parezca un concepto nuevo, ya Alfred Kinsey en 1948 clasificó a estas personas dentro de su escala de homosexualidad-heterosexualidad como de grado X.

En varios estudios se estima que un 1% de la población es asexual. Con la imperiosa costumbre de “patologizar” todo lo que se desvía de lo más frecuente, se ha relacionado la asexualidad con el deseo sexual hipoactivo o con la aversión al sexo, pero esto no es así. No son hombres impotentes o mujeres frígidas. No son individuos que han sufrido un trauma sexual en el pasado. Tampoco tiene relación con el celibato, en el que por motivos religiosos o culturales se decide evitar toda relación sexual coartando conscientemente el impulso. La asexualidad es todavía más llamativa en el mundo de hoy que está dominado por una visión hipersexual. Podemos por tanto hablar, según algunos, de la primera revolución sexual del siglo XXI.

Una frase muy utilizada es que una pareja no es completamente feliz si no se complementa sexualmente, pero en el caso de las personas asexuales esto no parece ser así. Su manera de vivir el amor es sin necesidad de las relaciones íntimas. Quieren y pueden vivir sin sexo. No quiere decir que no puedan tener excitación sexual, o que incluso lleguen a masturbarse o tener relaciones sexuales, simplemente no sienten atracción sexual.

El amor que profesan podría considerarse platónico, un amor romántico, de hecho se pueden clasificar en heterorrománticos, homorrománticos o arrománticos, según tengan atracción sentimental por personas del sexo opuesto, del mismo sexo o sin atracción, respectivamente. Otra clasificación utilizada es la de “demisexual” si llega a haber atracción sexual por que la unión sentimental es intensa, hay un fuerte vínculo sentimental; “grisexuales” o “gris-asexuales”, también hay atracción sexual pero en momentos o circunstancias muy concretas. Y por último “asexuales completos”.

Encontramos en la literatura ejemplos de este tipo de personalidad como es el personaje de Remedios en la novela de García Márquez, Cien años de soledad. Sherlock Holmes de Conan Doyle podría ser otro.

Es evidente que los problemas pueden surgir del desencuentro sexual de una pareja, en la que uno de los miembros se considera asexual y el otro no. Lo que en un principio es comprensión, se puede convertir en motivo de reproche. Hay que estar muy seguro de que esta situación se va a soportar por las dos parte. ¿Se está dispuesto a que el componente sexual de la pareja satisfaga sus necesidades de alguna otra forma?. A mi modo de ver es francamente difícil.

Puedes escuchar mi participación en el programa de Es Sexo en el siguiente enlace (a partir de 91´)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *