Macho Ibérico

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Aunque la figura del “macho ibérico” surge como un estereotipo jocoso del español de los años 70, habría que plantarse si ese comportamiento era algo generalizado no solo en España sino en otros muchos lugares y épocas.

 Quizá, en lo que hay menos coincidencia respecto al aspecto físico. Se considera que un “macho ibérico” es un hombre despreocupado por su imagen e incluso desaliñado y con poca higiene, sin embargo esto no es así en su origen. Las películas españolas de Alfredo Landa, Pajares o Esteso, no muestran hombres sucios o desastrados, tan sólo poco agraciados o poco elegantes, aunque intentan arreglar su aspecto para flirtear. Esto es una constante en la historia de la humanidad. Hombre y mujeres intentan arreglarse, adornarse o embellecerse cuando el objetivo es conquistar a la pareja.

Si nos vamos al aspecto social, la imagen del “macho ibérico” corresponde a un hombre con grandes deseos sexuales, que presume de sus conquistas, que posiblemente hable de estos temas sin atenerse a la verdad, generalmente exagerando sus deseos y sus hazañas sexuales si habla con otros hombres. Sin embargo suele ocultar estos pensamientos o actividades cuando habla con una mujer. Otra manifestación clásica es el sentimiento de superioridad frente a la mujer, por lo que estaríamos hablando de machismo en estado puro.

Pero, el machismo, ¿no ha sido y es una característica innata a todas las culturas y épocas?. Es por eso que pienso que el concepto “macho ibérico” no es nada más que una visión satírica, como no puede ser de otra forma en España, del machismo universal.

Frente al machismo o patriarcado surge el feminismo, que si bien abarca todos los movimientos de liberación de la mujer, se han podido establecer tres fases  con reivindicaciones más especificas en cada una de ellas.  En la primera de ellas en el siglo XVIII, sus mayores exponentes fueron Olimpia de Gouges, que en su “Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana” (1791), afirma que los “derechos naturales de la mujer están limitados por la tiranía del hombre, situación que debe ser reformada según las leyes de la naturaleza y la razón”  y en 1792 Mary Wollstonecraft, escribe la “Vindicación de los derechos de la mujer”, propugna  igualdad de derechos civiles, políticos, laborales y educativos, y derecho al divorcio como libre decisión de las partes. La segunda etapa feminista es la sufragista, basado en el derecho al voto, ocuparía desde 1920 hasta los 40 ó 50. Pero el que más nos atañe es el de la tercera etapa, el Nuevo Feminismo que reivindica el derecho al placer sexual por parte de las mujeres y denuncia que la sexualidad femenina ha sido negada por la supremacía de los varones, rescatándose el orgasmo clitoridiano y el derecho a la libre elección sexual. Por primera vez se pone en entredicho que – por su capacidad de reproducir la especie- la mujer deba asumir como mandato biológico la crianza de los hijos y el cuidado de la familia.

Si nos basamos en teorías biológicas o evolutivas, el comportamiento animal al que tiende el hombre es el machismo. La adecuación social, como en cualquier otro aspecto de la evolución humana ha producido o por lo menos lo intenta, cambios en las relaciones hombre-mujer. Como hemos visto, estos cambios no han surgido de manera natural, han tenido que ser forzados por las presiones sociales. Surge entonces una inquietante cuestión, ¿cúantos hombres, actualmente, están convencidos de que su comportamiento no era el adecuado?, ¿se finge el sentimiento de igualdad, o nos libera de la pesada carga de tener que mostrar superioridad?.

Por último me voy a meter en un jardín del que no se qué tal sadré. Los movimientos de igualdad o similitud entre hombres y mujeres ha sido aprovechado y explotado, a mi juicio, de una manera torticera por la sociedad consumista en la que vivimos. Así, al hombre, se le ha conducido a presentarse como menos rudo, más sensible, más preocupado por su imagen física y corporal, que se preocupa por su pareja, sus hijos, las tareas domésticas. Todo ello conlleva el introducir al hombre en una espiral de un tipo de consumo en la que  antes la mujer era su único exponente. ¿Se podría aplicar esta teoría a la inversa?.

Puedes escuchar mi intervención en el programa de radio  Es Sexo (a partir de 1h 5′ )

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